Cuando somos pequeños nuestra imaginación no tiene limites. Imaginamos cosas que no tienen ni pies ni cabeza, cosas que solo pueden existir en un mundo imaginario en nuestro universo infinito...
Podemos soñar e imaginar cosas incluso estando despiertos, sin que se nos escape el mas mínimo detalle...
Nubes de algodón, montañas de azúcar, animales que hablan, estrellas que se alcanzan con las manos, flores que nunca se marchitan, felicidad sin tristeza...
Cambiamos todo a nuestro gusto, hasta tal punto que las cosas mas insignificantes, sen algo importante con mucho valor...
Pero cada día... semana... mes... o año que pasa la imaginación empieza tener limites. Limites que no nos dejan crear un mundo completamente irreal. Porque aprendemos que no existe la felicidad sin tristeza, que todo lo que nace muere o que las estrellas son inalcanzables... Poco a poco perdemos la capacidad de soñar despiertos en cualquier lugar...
Con el paso de los años, la imaginación se va quedando sin alas... hasta que se oculta en lo mas profundo de nuestro ser... esperando en silencio, sin hacer ni el mas mínimo ruido, como si estuviera jugando a escondite... esperándonos y deseando que la encontremos...
Yo no dejare que mi imaginación se quede sin alas para volar, yo la buscare cada vez que se esconda y creare mundos imaginarios... para así no llorar por el mundo real...
Y cuando pasen muchos años se que ese poder de imaginar no desaparecerá junto a la niñez. Dejando un vacío, que no se llena...

